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RESCATE CULTURAL Y DESARROLLO SOSTENIBLE

-ARTESANÍA Y DISEÑO SUSTENTABLE-

 

Por: EDUARDO GABRIEL PEPE

Universidad Nacional de Cuyo

Mendoza, Argentina

 (Conferencia dictada en el 3º Seminario Internacional de Investigación sobre Diseño Sustentable. Universidad Autónoma de Tamaulipas. Tampico, septiembre de 2009)

 

Introducción

 

Diseño sustentable es aquel diseño que atiende las necesidades del presente, sin comprometer el bienestar de las generaciones futuras. Es aquel diseño que respeta la capacidad de renovación de la biosfera, alterando en el menor grado posible el medio ambiente.

Diseño sustentable es el diseño que debe mejorar la calidad de vida del “hoy” sin perjudicar el “mañana”, teniendo en cuenta el contexto cultural, social, económico y ambiental.

Sin embargo, una característica que diferencia al ser humano de las otras especies animales, además de la facultad de raciocinio, es la capacidad para modificar su medio ambiente. El hombre, aunque apareció relativamente tarde en la historia de la Tierra, ha sido capaz de modificar en gran medida el medio ambiente, adaptándolo a sus necesidades, como forma de escapar a las constricciones medioambientales que lo limitaban. Aunque en un principio los  humanos deben haber vivido más o menos en armonía con su contexto, como el resto de los animales, el distanciamiento de la vida salvaje comenzó ya en la era prehistórica, y mientras las poblaciones humanas se mantuvieron relativamente pequeñas y con tecnología modesta, el impacto sobre el medio ambiente fue solamente local. Al ir aumentando en número y en poder tecnológico, el impacto humano se ha tornado muchísimo más significativo, generalizado y global. El hombre ha ido modificando su contexto, alterando sustancialmente el desarrollo armónico de los ciclos naturales, consumiendo hasta el agotamiento recursos no renovables e incluso recursos en teoría renovables. Por lo tanto desde que el hombre es hombre ha ido sistemáticamente degradando el medio ambiente.

Desde el primer momento en que el hombre comienza a diseñar su contexto, comienza a desarrollar en forma sostenida un diseño NO sustentable.

Un diseño cien por ciento sustentable es hoy prácticamente inviable, por lo que es posible afirmar desde cierto punto de vista, que el diseño sustentable no existe. Sin embargo desde la profesión del diseño es posible desarrollar pequeñas intervenciones responsables que aporten a la no destrucción del medioambiente, o por lo menos, que no profundicen el grado actual de deterioro del contexto.

Es una realidad que plantear hoy la temática del respeto por el medio ambiente y de la sustentabilidad en los productos industriales es un hecho políticamente correcto.

Sin embargo, también es una realidad que en un gran número de casos, el planteo de productos o de diseños sustentables no sobrepasa el estatus de argumento de venta, totalmente vacío de un contenido serio sobre la materia. Por ejemplo, encontramos papeles reciclados, con todo su marketing ecológico de sustentabilidad y cuidado ambiental, que en el proceso de producción son mucho más nocivos que los papeles no reciclados. Encontramos también productos que teóricamente sirven para reducir el consumo de agua, que en su producción y en su planteo de reciclaje consumen más agua que la que son capaces de ahorrar en su vida útil.

En muchos casos el verdadero diseño sustentable estaría en la NO producción de esos diseños.

Expondré a continuación una serie de datos y reflexiones que pueden resultar un tanto incómodas y por que no, contradictorias, más no es mi intención crear aquí un debate sobre estos puntos concretos. Creo sí necesario comenzar a discutir cuál es y cuáles pueden ser nuestras reales intervenciones como diseñadores, sobre la temática del desarrollo sostenible. Cuáles podrían ser los aportes y aspectos positivos y negativos desde nuestra profesión, (tantas veces devaluada y otras tantas sobrevalorada).

Los siguientes datos se encuentran expuestos sin respetar ningún tipo de orden, sólo se presentan a modo de ejemplos para la reflexión:

– Las empresas que más contaminan el medio ambiente son las que menos intervención de diseño poseen, ya sea en sus productos o en su forma de producción. En un gran porcentaje estas industrias prescinden del diseño, simplemente porque no lo necesitan.

– Sólo uno de cada 10.000 productos se plantea como producto sustentable. Y muchos de los que se plantean como sustentables, en realidad no lo son.

– En el mundo se fabrican más de un billón de bolsas plásticas por año, las cuales poseen una vida aproximada de más de 1.000 años. De todas las bolsas plásticas que se producen en el mundo, se recicla menos del uno por ciento.

– Se desechan por día, en el mundo, millones de envases plásticos, perfectamente herméticos y estancos. Estos envases poseen una vida útil de más de 1.000 años, pero su vida comercial es de apenas unos pocos meses.

– Los mayores consumidores de combustible fósil y los que emiten mayor cantidad de gases que generan el efecto invernadero y el calentamiento global son los países que se autodenominan “países desarrollados”.

– Millones de personas se trasladan diariamente en automóvil, para lo cual ponen en marcha un artefacto impulsado a combustible fósil, de más de una tonelada, para transportar cargas menores a 100 kilogramos.

Y podríamos continuar así, con otros datos similares, que no soportarían ningún análisis serio y que por otro lado están demostrando que algo no se esta haciendo de la mejor manera.

El panorama no parece ser demasiado alentador, sin embargo no hay culpables… o mejor dicho, todos somos culpables, y por lo tanto responsables de generar soluciones.

Es necesario forjar desde el diseño una actitud didáctica, una toma de consciencia, a través del trabajo colectivo e interdisciplinario. No se trata pues, ni de generar una visión negativa y lúgubre sobre el tema y  nuestro futuro, ni una visión heroica, redentora e idealista, respecto de las intervenciones que desde nuestra profesión podemos llegar a desarrollar. Considero que es más importante, desde nuestros ámbitos como diseñadores, esforzarse en trabajar por los temas de la vida cotidiana, aportando pequeñas intervenciones efectivas, que obsesionarse con grandes temas teóricos, integrales y abarcativos, de difícil y costosa concreción.

Una de las pequeñas intervenciones efectivas que planteo, es la que se puede realizar en comunidades rurales o semi-rurales, respecto a la valorización de la cultura e identidad de región, a través de la puesta en valor del artesanado y de las pequeñas industrias locales.

 

 

El medio ambiente como contexto cultural

El conjunto de circunstancias físicas, culturales, económicas y sociales que rodea a las personas y que actúa como condicionante de todos los signos individuales que se inscriben en el contexto, es lo que se denomina “medio ambiente”. El diseño como disciplina proyectual se encuentra íntimamente condicionado por el contexto, por lo tanto es necesario indagar las temáticas de la educación, la cultura y el medio ambiente, como elementos generadores de identidad de región.

Si bien en todo programa de intervención es preciso atender seriamente el tema económico, en términos de lograr un uso racional de los medios tecnológicos y un correcto aprovechamiento de los materiales, es asimismo necesario plantear expresamente la cuestión del respeto ambiental. Respeto que apunta a lograr intervenciones no agresivas y no violentas con la cultura y el medio ambiente, estableciendo de hecho un compromiso con el entorno patrimonial. Es necesario por lo tanto las intervenciones de tipo sustentables.

Debe entenderse que nuestro vínculo con el entorno se realiza a través de la Integración e interrelación con las diferentes dimensiones o representaciones del medio ambiente. El medio ambiente puede ser entendido como naturaleza a preservar, como recurso a administrar, como sistema a comprender o como problema a resolver. Puede ser entendido también como contexto, es decir como un conjunto entrelazado de elementos dados en el espacio y el tiempo. El medio ambiente puede ser abordado asimismo como paisaje, como sustento de vida y como territorio que permite establecer un sentido de pertenencia, aportando al desarrollo de una identidad cultural.

La calidad del medio ambiente se encuentra directamente relacionada a todo lo producido por las diferentes variantes del diseño y las tecnologías aplicadas. Es decir que está íntimamente relacionado con nuestra calidad de vida. Por consiguiente, el tratamiento del tema demanda y exige un enfoque interdisciplinario, que enriquezca el análisis y la comprensión de las situaciones complejas del medio ambiente, aportando una visión sistémica y global. Es necesario entender el contexto, advertir sus principios, e interpretar sus parámetros y sus reglas.

Por consiguiente, es responsabilidad del diseñador, aportar desde la trazabilidad (creación / vida útil / descarte) de los productos de diseño en la construcción coherente de una tarea educativa de preservación y cuidado del medio ambiente, en el sentido más amplio del término.

La glocalización como eje integrador

He planteado, en más de una oportunidad, la riqueza y el potencial del cruzamiento y de la hibridación cultural, no obstante, si el intercambio se desarrolla en forma desigual y asincrónica, es muy probable que como resultado, una cultura se imponga de facto sobre la otra. Generalmente, son los nuevos medios de comunicación, sumados al comercio internacional, los que provocan esas grandes desigualdades.

Es en el siglo XX donde hemos asistido a un gran avance en la tecnología, sobre todo de las comunicaciones, de la mano de la televisión y más tarde de Internet. La tecnología se ha impuesto como elemento de expansión de Occidente, a tal punto, que la aldea global o globalización, para muchos, es una realidad cultural.

El termino globalización apunta a representar el proceso de cambio que se ha estado viviendo en el último tiempo, teniendo como base la noción de sociedad de la información. Colombres (2004) señala que “Lo que llamamos globalización no es más que una nueva fase del cosmopolitismo occidental, iniciado en el siglo XIV y acelerado en los últimos tiempos por los cambios revolucionarios acaecidos en las tecnologías de la comunicación”.

El proceso de globalización ha ido borrando las fronteras de los países y diluyendo las funciones tradicionales de los estados. En esta nueva fase del capitalismo las corporaciones transnacionales han ido ganando poder en relación a los estados que, frente a la internacionalización de los procesos de producción, solo han atinado a permanecer  expectantes.

La globalización pretende a nivel mundial, una homogeneización en los modos de vida, intentando desligarlo de su contexto y de su medio ambiente. Esto genera los llamados no lugares, creando un esquema de valores y comportamientos que permiten desarrollar las condiciones de dominación ideológico-cultural.

Insertos en un contexto cultural que tiende a la uniformidad y la homogeneidad, producto del gran poder de los medios de comunicación e información, y del increíble avance de la tecnología, hace aparición en nosotros una fuerte tendencia defensiva, esgrimiendo el derecho a individualizarnos.  Es aquí donde lo global y lo local se ponen en contacto. Nuestra tarea es que ese contacto no termine en choque, sino que sirva de fuente de poder y nos permita crecer, desde todo punto de vista. Es aquí donde el término glocal, como unión de global y local, empieza a tener sentido.

El concepto de glocalización, planteado por Robertson, fusiona la localización y la globalización, tratando de entender el proceso de transformación, articulando la dinámica global con la local. En otras palabras, hace referencia a la noción de globalizar lo local y de localizar lo global.

Glocalización y alteridad están estrechamente unidas en este proceso de respuesta al esquema globalizador convencional. Sólo si conseguimos colocarnos en el lugar del otro, y logramos comprenderlo culturalmente, podremos relacionarnos de igual a igual. La incapacidad de alteridad, es decir, no poseer la condición de poder ser otro, conlleva a situaciones de fuerte desprecio por las culturas no conocidas. Esto determina que una de las partes se sienta superior y con derechos para imponerse sobre la otra. 

El discurso global-local exige, en este momento más que nunca, que tengamos que referirnos a las identidades, en forma plural, basándonos en el reconocimiento de origen, en la pertenencia, en la permanencia y la interacción social y simbólica.

La glocalización, como forma de contrarrestar los efectos de la homogeneización globalizante, involucra la valoración de las culturas locales y el fortalecimiento de las identidades regionales a través del trabajo con sectores con bajo nivel tecnológico, como por ejemplo el artesanal y el de las pequeñas y medianas empresas.

Es posible mejorar la posición del sector artesanal, articulándolo con áreas de economías más dinámicas, como las que plantea el sector turístico. Para este trabajo de articulación es conveniente abarcar la franja media de la pirámide de niveles de valor cultural y uso tecnológico en las artesanías, donde se excluye el objeto de autor, es decir la “obra de arte” y las artesanías de aeropuerto u objetos “recuerdo de…”

Las intervenciones desde el diseño pueden contribuir a posicionar los productos artesanales en el mercado, por medio de mejoras en la elección de las materias primas, de manera que resulten adecuados y sustentables; de la optimización del proceso productivo; del perfeccionamiento de la imagen y el valor cultural; y el desarrollo de sistemas de comercialización, que incluyan al consumidor urbano.

Emprendimientos productivos sustentables de base cultural

El diseño tiene en la innovación uno de los valores principales, sin embargo en el caso de emprendimientos de diseño socio-ambientales, de producción sustentable, el valor principal pasa a ser el rescate cultural en la búsqueda de beneficios económicos duraderos, sin destruir la cultura local, ni su medio ambiente.

El pensamiento urbano, dentro de la lógica del mundo globalizado, conlleva una experiencia cargada de información y contaminación visual que resulta nociva al trabajar con grupos aborígenes de zonas aisladas.

Un camino interesante de transitar es el de rescate y valoración de los recursos naturales, culturales y técnicos-artesanales de las regiones, con el fin de ampliar el espectro de consumidores, divulgando y fortaleciendo el mercado de productos comunitarios, sin necesidad de crear productos de autoría.

Nuestro trabajo debe limitarse al rescate y valoración de los elementos sociales, culturales y ambientales de la región, respetando las características y el “ritmo” de vida de la misma.

Es importante además que la experiencia o el reconocimiento del origen agregue mayor valor al producto, mejorando de esa manera la calidad de vida del pequeño productor comunitario.

El objetivo debe ser que la comunidad desarrolle, de la manera más eficientemente sustentable, productos que realmente la representen. Por lo tanto los productos deberán poseer un grado de legitimidad alto, tanto desde la técnica, como de lo formal y lo cultural.

Por eso es muy importante desde nuestro trabajo como diseñadores, el análisis previo que se realice. Si el análisis es inexistente o está realizado sin tener en cuenta los aspectos culturales de la región, pueden surgir algunos problemas, como fue el caso particular del sur de provincia de Mendoza, Argentina, donde luego del año 2000 se intentó impulsar el desarrollo textil regional. En el tejido de la zona se practicaban en gran medida las técnicas ancestrales, que aunque modificadas con los años mantenían su legitimidad cultural. Sin embargo, desde el punto de vista formal, puntualmente en los motivos, éstos no poseían ningún tipo de relación con el medio cultural ni geográfico, hecho que resultó significativo, para el desarrollo sustentable del emprendimiento, dada la dificultad en la comercialización del producto en el ámbito del turismo cultural.

La experiencia del diseño artesanal

En el departamento de Malargüe, provincia de Mendoza, nace a principios del año 2008 la idea de promocionar, apoyar y fortalecer algunos emprendimientos existentes y otros próximos a iniciarse, con el fin de aportar al desarrollo socio económico de la región. En el marco del Programa de Industrias Culturales, de la Incubadora de Empresas de Malargüe surge el Desarrollo de Emprendimientos Productivos Sustentables de Base Cultural.

La incubadora de empresas culturales tiene como objeto realizar un trabajo profesional para captar y fortalecer las labores culturales realizadas tanto en el área urbana, como así también en la zona rural, entre los que se puede citar tejido al telar, hilado y teñido de lanas, trabajo en cerámica y piedra, desarrollando sobre los mismos identidad propia y original, coherente con la identidad de región, transmitiéndoles al mismo tiempo la importancia de la cultura emprendedora y del desarrollo sustentable.

El fin que se persigue es el de obtener emprendimientos que asienten sus bases en la creatividad, en la sustentabilidad y en la identidad regional, de manera que se establezcan nuevas formas de consensos en la creación del capital social que genera cultura.

Para tal fin se trabajó fuertemente e interdisciplinariamente sobre el fortalecimiento y la recuperación de la identidad de la región, teniendo en cuenta las costumbres, las materias primas locales, los códigos, los lenguajes y demás elementos identitarios con cualidades y atributos tangibles e intangibles.

El proyecto se asentó sobre la articulación de cuatro campos concretos: el mercado, a través de la elaboración de un plan de negocios; el diseño de productos de base cultural; la comunicación visual con fuerte identidad regional de los productos y de los emprendimientos; y la tecnología, desarrollada a través de la capacitación técnica.

El trabajo de diseño propiamente dicho se programó en tres amplias etapas. Una primera etapa, previa a la realización de los productos artesanales, consistió en un relevamiento de motivos y productos, a fin de crear una especie de catálogo morfológico, que permita poseer una base de datos sólida, respecto de los productos artesanales existentes y, asimismo, posibilite experimentar la innovación dentro de unos parámetros culturales lógicos.

Una segunda etapa involucró al diseño y a la producción objetual. Respecto a la intervención del diseño en esta etapa, se especificó que el mismo no debería sobrepasar el comentario, la recomendación o la idea del producto en crudo. Pues, como indica Christian Ulman (2008)  “cuanto menor sea nuestra intervención, mejor el resultado (el producto tendrá mayor calidad estética y mayor interés cultural). Esta forma de aproximación, sin duda, permitirá que la comunidad recupere o forme su autonomía, como condición básica para la autosustentabilidad.”

El trabajar con comunidades artesanales,  micro empresas y pequeñas industrias, permite poseer una gran flexibilidad en la producción, permitiendo realizar pequeñas modificaciones al producto, sin generar perdidas significativas. Esto crea emprendimientos competitivos donde la tecnología no se ubica en primer plano, sino que se valora ante todo la cultura local y las técnicas artesanales o seudo artesanales.

El propósito concreto de los emprendimientos existentes fue el de desarrollar productos textiles de primera calidad, en base al hilado manual de lana de guanaco, de cabra y de oveja, como materia prima local y la utilización de las técnicas ancestrales del telar mapuche.

De esa manera se desarrolla una producción artesanal que genera nuevas oportunidades de mano de obra en las zonas rurales, al tiempo que valoriza la identidad de la región y el uso de materias primas naturales.

En la distribución de los productos es importante que se manifieste claramente el reconocimiento del origen, a través de una comunicación e información con fines didácticos. Esto es un gran aporte, sobretodo en el sector del turismo cultural, pues genera un valor agregado que repercute positivamente en la comercialización.

Conclusiones

 

-Apreciaciones generales-

Un auténtico desarrollo humano debe tener en cuenta el medio ambiente, la evolución económica y social y por sobre todo poseer una conciencia de identidad y de responsabilidad regional. Por lo tanto se deberán integrar todas las actividades culturales que permitan fortalecer el espectro de expresiones creativas que hacen a la construcción de la identidad como región.

Las comunidades que aprecian y valoran su medio ambiente tanto como su patrimonio cultural, desarrollan un fuerte impulso que se despliega en todos los ámbitos sociales y económicos. Eso les permite darse a conocer, ya sea regional, nacional o internacionalmente con una identidad propia y original, generando de esta manera, valor en ciertos productos y servicios relacionados tanto al ámbito del turismo, como del comercio de exportación.

Es innegable que existen ciertas matrices simbólicas que actuando en forma autónoma pueden funcionar de cimientos de una conciencia cultural regional. Porque aún cuando pareciera que los intereses individuales prevalecen sobre los de la sociedad, no todo esta perdido. Donde la competencia y la insolidaridad responden sólo a satisfacer placeres egocéntricos, donde los arquetipos culturales ya no tienen cabida, donde el grado de saturación y consumo han llegado a niveles asombrosos, se vislumbra en el horizonte un futuro, por lo menos diferente. Puesto que hoy, como contrapartida a un bombardeo desproporcionado, de una cultura unificadora desde los medios de comunicación, existe a partir de las sociedades, una tendencia a recuperar la memoria como forma de estructurar discursos identitarios válidos. Y esa memoria recupera de alguna manera el respeto cultural y ambiental que aquí, como parte comprometida de la sociedad, estamos reclamando. 

Estableciéndonos en un contexto de subdesarrollo (o en vías de desarrollo) como el que presenta nuestra  América, e interviniendo puntualmente en zonas rurales y semi-rurales, con población originaria, lo más apropiado es el planteamiento de las pequeñas industrias artesanales o de tecnología básica. Industrias que prioricen la utilización de materias primas naturales, renovables y de fuerte arraigo cultural y geográfico, y que en la producción y comercialización de productos regionales, como por ejemplos dulces y embutidos, apliquen la práctica del re-uso y el reciclado de baja industrialización. Por ejemplo, el uso de envases de vidrio ha probado ser un elemento sumamente válido tanto para el re-uso (botellas, frascos y envases que luego de un correcto lavado pueden ser reutilizados para fines similares o diferentes, según el caso), como para su reciclado.

Un reciclaje de baja industrialización, artesanal o cuasi artesanal, puede generar trabajo y permitir insertarse al mercado a gran cantidad de personal con bajo grado de tecnificación. Por supuesto que para lograr esto último, es necesario que existan claras políticas desde los gobiernos, locales, provinciales y nacionales y hoy por hoy eso es algo que desde los ámbitos de poder se está debiendo.

La falta de políticas desde los ámbitos gubernamentales ha hecho que sistemáticamente fracasen emprendimientos sustentables con proyección a largo plazo, pues económicamente siempre es necesaria una fuerte inversión desde el estado, y en general ocurre que existen “otras prioridades” de corto plazo que resultan, para los políticos, más redituables en cuanto a votos. 

-El compromiso desde la disciplina-

Realizar en forma responsable nuestra labor como diseñadores, comunicadores y como creadores de imagen supone un gran compromiso con la sociedad y el medio ambiente que nos contiene. Compromiso que implica sumarnos al proceso global de manera tal, que podamos aportar nuestro enfoque regional y local. Es decir colocar el concepto básico y fundamental de glocalización como eje integrador para la construcción de un futuro sustentable, en el marco de nuestra identidad como latinoamericanos.

Es imprescindible entender hoy, que los problemas ambientales no son un peligro lejano sino una realidad cotidiana. Debemos trabajar cultural y ambientalmente en forma responsable, asumiendo el compromiso de prever los comportamientos futuros de los productos de diseño.

Es necesario trabajar interdisciplinariamente para construir en forma coherente y de manera constante la identidad regional, reconociendo el proceso de glocalización como forma de avance y crecimiento de nuestra sociedad.

En todo proyecto de diseño, sea gráfico u objetual, debe conocerse el pasado y la relación de los factores que han ido conformando el escenario actual (nada nace en forma espontánea). Luego es necesario visualizar el presente, ya como resultado concreto del proyecto, por medio del análisis de los actores actuales, y por último prever los posibles escenarios futuros, estableciendo y planteando comportamientos en el tiempo.

Sin dudas que resulta bastante incierto predecir el efecto futuro de un producto de diseño o de una comunicación visual, por eso es preciso y fundamental realizar en la etapa proyectual una investigación profunda y un desarrollo que involucre procesos retrospectivos relativos a las oportunidades, necesidades, condicionantes y a la relación de los factores que han ido conformando el escenario actual. Una investigación que involucre procesos introspectivos, relativos a la pieza de diseño propiamente dicha por medio del análisis de los actores actuales. Y que involucre procesos prospectivos, relacionados con el futuro de la pieza previendo los posibles escenarios futuros, estableciendo y visualizando comportamientos en el tiempo. No podemos asumir una actitud descomprometida, sino que es necesario plantear ya desde el principio del proceso de diseño, por ejemplo, su re-uso, su reciclado o su forma de descarte.

Es importante que, desde nuestros mínimos ámbitos de poder, procedamos de manera coherente en pos de implementar un diseño sustentable, innovativo, comprometido con el medio, cuidando y preservando el ambiente y respetuoso del entorno cultural. Es preciso forjar una educación cultural, que interprete a su vez la identidad latinoamericana, planteando al reconocimiento de origen como elemento generador de valor.

Es preciso diseñar para el cambio, evitando sumarse al facilismo marcario que nos determina la sociedad de consumo, trabajando con el planteo de “como queremos vernos” y no el “como queremos que nos vean”.

Es imperioso pugnar por proyectos regionales que incorporen elementos que forman parte de nuestro patrimonio heredado, entre los que se encuentra el patrimonio ambiental, aprendiendo a ver el mundo con una visión Latinoamericana y no seguir viendo a Latinoamérica desde el punto de vista de la mundialización.

El rescate cultural como forma de búsqueda de un diseño auténticamente nuestro, permitirá la evolución del componente aborigen, asegurando su presencia como elemento indiscutido de nuestra identidad.

No podemos dejar de tener en cuenta los recursos ambientales y las diversas formas de entenderlos y aprovecharlos, practicando la recuperación de elementos de culturas que han tenido un enorme compromiso con nuestro medio ambiente y con nuestra tierra. Es imprescindible buscar en el pasado para construir el futuro.

No podemos ser cómplices de los agentes de la deculturación. Por lo tanto no debemos renunciar a la responsabilidad que nos compete como diseñadores, para dar respuestas y soluciones de diseño, comprometidas con el medio ambiente, la sustentabilidad y la identidad de región.

Bibliografía

– Beck, Ulrich, (2004), “¿Qué es la globalización?, falacias del globalismo, respuestas a la globalización”. Editorial Paidós, Buenos Aires.

– Chaves, Norberto, (2006), “El diseño invisible”, Editorial Paidós, Buenos Aires.

– Colombres, Adolfo, (2004), “América como civilización emergente”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires.

– Costa, Joan, (1994), “Diseño, Comunicación y Cultura”. Editorial Fundesco, Madrid.

– Pepe, Eduardo Gabriel, (2003), “Hacia una Gráfica Aborigen”, Facultad de Artes y Diseño de la Universidad Nacional de Cuyo / Ediciones de la Utopía, Mendoza, Argentina.

– Pepe, Eduardo Gabriel, (2003), “Diseño Aborigen”, Editorial CommTools, Buenos Aires.

– Pepe, Eduardo Gabriel, (2004), “Diseño Indígena Argentino”, Editorial CommTools, Buenos Aires.

– Pepe, Eduardo Gabriel, (2007), “Identidad regional”, Redargenta Ediciones, Buenos Aires.

– Pepe, E.G. (compilador) y otros, (2007), “Diseño y sustentabilidad”, Redargenta Ediciones, Buenos Aires.

– Quiroga, María Berta. “Puntos capitales del Diseño”: Perspectiva interdisciplinaria con Filosofía, Sociología y Estética. Editorial CommTools. 2005. Buenos Aires.

– Wolton, Dominique, (2004), “La otra mundialización”, Editorial Gedisa, Barcelona.

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“Identidad regional, respeto ambiental y sustentabilidad: fundamentos para la Glocalización”

-Aportes a la identidad de región desde el estudio de las culturas precolombinas, como respuesta al proceso globalizador-

 Por: DCV. Eduardo Gabriel Pepe

 

Introducción

            El tema que trataré aquí, es el de la identidad regional y la identidad cultural en base al trabajo que he realizado por más de quince años, y que se basa en el estudio de lo producido por las culturas indígenas, para realizar aplicaciones sustentables actuales (ya sea en la industria o en la artesanía).

            La idea es contribuir a la construcción de la identidad regional, a partir de un diseño aborigen, un diseño que sea actual y representativo del lugar, conformado por elementos recuperados de nuestros antepasados.

            Entiendo al diseño como disciplina proyectual que desarrolla soluciones -en forma de objetos o servicios- a la problemática de la relación del hombre con su medio ambiente y su hábitat cultural (modos de vivir, de trabajar, de descansar, etc).

            Lo que planteo no es la “copia” de representaciones indígenas, pues eso llevaría a una industrialización de lo tipico, sería crear “objetos de aeropuerto” o productos “recuerdo de…”. La propuesta es el estudio de la gráfica indígena como principio de reelaboración. Reelaboraciones realizadas por medio de diferentes maneras, ya sea en base a sintesis formal o al trabajo con tablas morfologicas, pero siempre luego de un exaustivo análisis.

            El diseño acuña con su impronta la cotidianeidad y el imaginario colectivo dejando profunda huella en la conformación de identidades. Seguramente que, pretender que el diseño imponga formas de acción social, sería sobredimensionar su potencialidad. No obstante, desde el compromiso social del diseñador, es posible encarar la problemática de la sociedad de consumo y del proceso de globalización, de manera seria y coherente.

            Las modificaciones sobre el entorno están dirigidas a permitir que se establezcan vínculos y relaciones, tanto entre los miembros de una comunidad, como entre ellos y el medio ambiente con el que interactúan. Toda intervención del diseño, produce transformaciones sobre el entorno. Los objetos y las comunicaciones visuales influyen constantemente en la cultura del hombre, afectando nuestra forma de relacionarnos y nuestras actitudes y comportamientos.           

El medio ambiente como contexto

            El conjunto de circunstancias físicas, culturales, económicas y sociales que rodea a las personas y que actúa como condicionador de todos los signos individuales que se inscriben en el contexto, es lo que se denomina “medio ambiente”. El diseño como disciplina proyectual se encuentra íntimamente condicionado por el contexto. Es por eso que resulta sumamente necesario indagar en las temáticas de la educación, la cultura y el medio ambiente, como elementos generadores de identidad de región.

            Si bien en todo programa de intervención es preciso atender seriamente el tema económico, en términos de lograr un uso racional de los medios tecnológicos y un correcto aprovechamiento de los materiales, es asimismo necesario plantear expresamente la cuestión del respeto ambiental. Respeto que apunta a lograr intervenciones no agresivas y no violentas con la cultura y el medio ambiente, estableciendo de hecho un compromiso con el entorno patrimonial.

            Debe entenderse que nuestro vínculo con el entorno se realiza a través de la Integración e interrelación con las diferentes dimensiones o representaciones del medio ambiente. El medio ambiente puede ser entendido como naturaleza a preservar, como recurso a administrar, como sistema a comprender o como problema a resolver. Puede ser entendido también como contexto, es decir como un conjunto entrelazado de elementos dados en el espacio y el tiempo. El medio ambiente puede ser abordado asimismo como paisaje, como sustento de vida y como territorio que permite establecer un sentido de pertenencia, aportando al desarrollo de una identidad cultural.

            La calidad del medio ambiente se encuentra directamente relacionada a todo lo producido por las diferentes variantes del diseño y las tecnologías aplicadas. Es decir que está íntimamente relacionado con nuestra calidad de vida. Por consiguiente, el tratamiento del tema demanda y exige un enfoque interdisciplinario, que enriquezca el análisis y la comprensión de las situaciones complejas del medio ambiente, aportando una visión sistémica y global. Es necesario entender el contexto, advertir sus principios, e interpretar sus parámetros y sus reglas.

            Por consiguiente, es responsabilidad del diseñador, como comunicador, realizar un trabajo de construcción coherente de la identidad regional, aportando sobre todo desde la trazabilidad (nacimiento/vida/muerte) de los productos de diseño. Y en esa construcción coherente es necesaria una tarea educativa de preservación y cuidado del medio ambiente (en el sentido más amplio del termino) y de gestión cultural, respecto de los elementos identitarios que se manejen.

La identidad regional en el contexto de globalización

            En todo proyecto de diseño, sea gráfico u objetual, debe conocerse el pasado y la relación de los factores que han ido conformando el escenario actual (nada nace en forma espontánea). Luego es necesario visualizar el presente, ya como resultado concreto del proyecto, por medio del análisis de los actores actuales, y por último prever los posibles escenarios futuros, estableciendo y planteando comportamientos en el tiempo.

            Sin dudas que resulta bastante incierto predecir el efecto futuro de un producto de diseño o de una comunicación visual, por eso es preciso y fundamental realizar en la etapa proyectual una investigación profunda y un desarrollo que involucre procesos retrospectivos relativos a las oportunidades, necesidades, condicionantes y a la relación de los factores que han ido conformando el escenario actual. Una investigación que involucre procesos introspectivos, relativos a la pieza de diseño propiamente dicha por medio del análisis de los actores actuales. Y que involucre procesos prospectivos, relacionados con el futuro de la pieza previendo los posibles escenarios futuros, estableciendo y visualizando comportamientos en el tiempo. No podemos asumir una actitud descomprometida, sino que es necesario plantear ya desde el principio del proceso de diseño, por ejemplo, su re-uso, su reciclado o su forma de descarte.

            Es importante que, desde nuestros mínimos ámbitos de poder, procedamos de manera coherente en pos de implementar un diseño sustentable, innovativo, comprometido con el medio, cuidando y preservando el ambiente y respetuoso del entorno cultural. Es preciso forjar una educación cultural, que interprete a su vez la identidad latinoamericana, planteando al reconocimiento de origen como elemento generador de valor.

            En este momento es determinante considerar al Diseño como configurador de identidades, locales, regionales y nacionales. Puesto que resulta cada vez más evidente la coexistencia de lo local y la búsqueda de su ámbito en la proximidad, con lo global y su escenario sin barreras apuntalado principalmente, por la tecnología y el poder económico.

            Hoy las tecnologías de comunicación y de información ostentan un papel sumamente importante en el proceso de globalización o mundialización, pero no podemos dejar de señalar, también, la capacidad que poseen como vehículo para las culturas locales. Por lo tanto comenzamos a desplazarnos en un marco regido por la necesidad humana de lo local y la condición inevitable de lo global.

            Debemos tomar a la globalización no como un demonio, sino como un instrumento y utilizarla como oportunidad para integrarnos a los grandes flujos económicos y científicos del planeta, teniendo muy en cuenta nuestro contexto, trabajando en forma interdisciplinaria, sin relegar de ninguna manera el compromiso con el medio ambiente y con nuestra memoria histórica y social.

            La identidad regional hace alusión a elementos culturales, geográficos, sociales y ambientales que posibilitan que una región se diferencie de otra. La identidad es memoria colectiva y debe ser labor compartida por toda una sociedad, atendiendo y reflexionando sobre su historia, teniendo en cuenta que el presente no debe repetir el pasado, sino que debe contenerlo. La identidad es siempre actual, es presente que viene de la historia y a la historia regresa continuamente.

            El hablar de identidad de región nos lleva imperiosamente a hablar de civilización y de cultura, y al hacerlo, debemos desechar de plano el concepto de identidades inamovibles, constantes y permanentes. Por lo tanto, entramos enteramente en conflicto con la idea común de globalización como tendencia homogeneizadora. Las culturas se edifican a partir de hibridaciones forjadas con el transcurrir del tiempo, por consiguiente son siempre construcciones inacabadas y permanentemente abiertas al cambio.

            En toda civilización siempre localizaremos valores y elementos identitarios comunes que la definirán como unidad, aunque confluyan en ella diferentes pensamientos, presente diversidad cultural y existan diferentes intereses.

            Desde el punto de vista de la dimensión humanista, cultura es toda creación del hombre, tomando a la cultura como proceso sistemático de obtención de la práctica humana, incorporando la experiencia en forma crítica y creadora, y no como una simple suma de datos e informes. Es decir que la cultura esta íntimamente ligada al contexto y al medio ambiente donde esta se desarrolla.

            Todas las expresiones en que se traduce la vida tradicional de una comunidad pueden ser englobadas con el término “Cultura”. Los modos de vida, las costumbres, los conocimientos y el desarrollo artístico, científico, industrial, de un grupo social establecido, en una determinada época.

            La cultura por lo tanto no puede ser representada simplemente como un conjunto de productos.  “Lo que el hombre es, está entretejido con el lugar de donde es y con lo que el cree que es ése lugar” (Clifford Geetz, en “La interpretación de las culturas”, Gedisa, Barcelona 1990). Podemos decir entonces, que cultura es el contexto donde los productos como objetos, ideas y costumbres, se sitúan. Es allí donde el ser humano se ubica, se entiende a sí mismo y comprende las creaciones que conforman su contexto, creando infinitas tramas de significaciones.

La glocalización como eje integrador

            He planteado siempre la riqueza y el potencial del cruzamiento y de la hibridación cultural, no obstante, si el intercambio se desarrolla en forma desigual y asincrónica, es muy probable que como resultado, una cultura se imponga de facto sobre la otra. Generalmente, son los nuevos medios de comunicación, sumados al comercio internacional, los que provocan esas grandes desigualdades.

            Es en el siglo XX donde hemos asistido a un gran avance en la tecnología, sobre todo de las comunicaciones, de la mano de la televisión y más tarde de Internet. La tecnología se ha impuesto como elemento de expansión de Occidente, a tal punto, que la “aldea global” o “globalización”, para muchos, es una realidad cultural.

            El termino “globalización” apunta a representar el proceso de cambio que se ha estado viviendo en el último tiempo, teniendo como base la noción de “sociedad de la información”. Para Colombres, “Lo que llamamos globalización no es más que una nueva fase del cosmopolitismo occidental, iniciado en el siglo XIV y acelerado en los últimos tiempos por los cambios revolucionarios acaecidos en las tecnologías de la comunicación”.

            El proceso de globalización ha ido borrando las fronteras de los países y diluyendo las funciones tradicionales de los estados. En esta nueva fase del capitalismo las corporaciones transnacionales han ido ganando poder en relación a los estados que, frente a la internacionalización de los procesos de producción, solo han atinado a permanecer  expectantes.

            La globalización pretende a nivel mundial, una homogeneización en los modos de vida, intentando desligarlo de su contexto y de su medio ambiente. Esto genera los llamados “no lugares”, creando un esquema de valores y comportamientos que permiten desarrollar las condiciones de dominación ideológico-cultural.

            No hay dudas que asistimos hoy a un cambio de época que involucra principalmente el espacio de las comunicaciones, pero que abarca, asimismo, el ámbito económico, el educativo y por supuesto el ámbito cultural. Los cambios y avances en las tecnologías de comunicación son los que han ido determinando siempre el rumbo de la historia de la humanidad. Los tiempos actuales no se apartan de esa regla. Y en esta coyuntura debemos estar todos comprometidos. Por eso es necesario estar atentos para poder ofrecer respuestas claras, serias y responsables, desde nuestros breves ámbitos de poder.

            Como ya he expresado, la cultura posee un complicado sistema de símbolos de identidad que la sociedad crea, recrea y preserva, enriqueciéndola y reinventándola constantemente mediante actos y obras. Al estar inmersos en un proceso globalizador, es importante no transformarnos en un engranaje más del mismo. Pero tampoco caer en una identidad cultural refugio, que condene nuestra cultura solo al ámbito del museo, como una contemplación inmóvil de nosotros mismos.

            Insertos en un contexto cultural que tiende a la uniformidad y la homogeneidad, producto del gran poder de los medios de comunicación e información, y del increíble avance de la tecnología, hace aparición en nosotros una fuerte tendencia defensiva, esgrimiendo el derecho a defender nuestro medio ambiente, el derecho a individualizarnos.  Es aquí donde lo global y lo local se ponen en contacto. Nuestra tarea es que ese contacto no termine en choque, sino que sirva de fuente de poder y nos permita crecer, desde todo punto de vista. Es aquí donde el termino “glocal”, como unión de lo global y lo local, empieza a tener sentido.

            Generalmente solo se ve en la globalización el proceso de centralización, y no se vislumbra que en esa misma mecánica puede producirse también un proceso de descentralización, por medio de la alteridad, los diálogos recíprocos y los entrelazamientos dentro de un marco de referencia global.

            Ulrich Beck afirma que “…las generalizaciones a nivel mundial, así como la unificación de instituciones, símbolos y modos de conducta, y el nuevo énfasis, descubrimiento e incluso defensa de las culturas e identidades culturales no constituyen ninguna contradicción. Antes bien, se puede decir que estas culturas se representan, en primer lugar, como derechos universales y, en segundo lugar, se exponen a la vista y se representan como tales dentro de su contexto…”.

            El concepto de glocalización, planteado por Robertson, fusiona la localización y la globalización, tratando de entender el proceso de transformación, articulando la dinámica del medio ambiente global con el local. En otras palabras, hace referencia a la noción de globalizar lo local y de localizar lo global. 

            Glocalización y alteridad están estrechamente unidas en este proceso de respuesta al esquema globalizador convencional. Solo si conseguimos colocarnos en el lugar del otro, y logramos comprenderlo culturalmente, podremos relacionarnos de igual a igual. La incapacidad de alteridad, es decir, no poseer la condición de poder ser otro, conlleva a situaciones de fuerte desprecio por las culturas no conocidas. Esto determina que una de las partes se sienta superior y con derechos para imponerse sobre la otra.

            El discurso global-local exige, en este momento más que nunca, que tengamos que referirnos a las identidades, en forma plural. El poder relacionar en la práctica polos (global/local), aparentemente tan extremos, permite discutir los lineamientos globalizadores, que en teoría, no admiten más que una visión uniforme y homogénea. Ese es el concepto que refuerza el hecho de que lo global y lo local son sin dudas inseparables. Eso es glocalización. Y considero, que es eso, lo que precisamente posibilitará nuestro avance como cultura y como civilización, sin tener que transformarnos en furgón de cola de un proyecto civilizatorio ajeno. 

El compromiso desde la disciplina

            Realizar en forma responsable nuestra labor como “comunicadores” y como “creadores de imagen” supone un gran compromiso con la sociedad y el medio ambiente que nos contiene. Compromiso que implica sumarnos al proceso global de manera tal, que podamos aportar nuestro enfoque regional y local. Es decir colocar el concepto básico y fundamental de glocalización como eje integrador para la construcción de nuestras identidades latinoamericanas.

            Si consideramos a la identidad como representación de una integridad social, producto de la cultura de cada sociedad en el espacio y el tiempo, comprenderemos que la discusión en torno a la identidad como región, no sólo debe involucrar en forma responsable a un amplio espectro de disciplinas, sino que deberá comprometer a la sociedad en general.

            Desde el diseño es posible obrar modestamente en pos de la consolidación de nuestra identidad regional, trabajando sobre la sustancia gráfica y objetual local, sin desaprovechar las ventajas que otorgan el uso de la informática y las comunicaciones producto de la globalización.

            Si bien es importante que el resto del mundo nos reconozca (siempre que hablamos de “nosotros” implica una presencia de “ellos”) por un diseño nuestro y original, es imprescindible que en primera instancia el diseño respete y proteja nuestro medio ambiente, para luego lograr reconocernos a partir de una propuesta estética y comunicacional que realmente nos pertenezca.

            Podemos definir a la identidad como algo idéntico y equivalente al emisor y a la identificación como el hecho de reconocer, por parte de un receptor, la identidad percibida. Es decir que en ese esquema de emisor-receptor debemos identificar al mensaje como vinculante del emisor y el receptor en forma bilateral.

            El mensaje es una unidad de conocimiento materializada en un grupo de signos comunes a ambas partes de una comunicación, los cuales se presentan articulados para transmitir significados. Para el caso concreto del mensaje formador de la identidad regional, podemos definirlo como una unidad formal establecida por medio de rasgos exclusivos, como signos de identidad, articulados entre sí, para posibilitar la transferencia de significados.

            Cuando el mensaje es percibido y decodificado por el receptor, conforma en la mente del mismo una imagen. Esa imagen es una representación mental de una entidad, y posee la habilidad de condicionar, por medio de sucesivas percepciones y asociaciones de ideas, determinadas actitudes y conductas.

            La imagen mental, o “discurso imaginario”, no corresponde a una identidad exclusivamente visual, sino que abarca todo el universo de elementos identificadores y se conforma por medio de diferentes mensajes registrados en forma separada y aleatoria y a través de sucesivas asociaciones.

            La imagen de un país, de una región, de una institución o de una empresa, estará, por lo tanto, estructurada sobre la base de los identificadores, producto de su identidad. La imagen, como un todo, se encuentra desplegada en un sinnúmero de soportes de variadas características pero, todas las partes del conjunto ostentan una misma herencia, comparten valores y significaciones.

            Hasta este punto hemos visto a la identidad regional como una serie casi caótica de elementos identificadores que forjan en los distintos receptores diferentes imágenes mentales. En la construcción de la “imagen” de región se ven involucrados un sinnúmero de actuaciones, entre las cuales se encuentra la intervención del diseño.

            Cuando manifiesto intervención del diseño, hago referencia a operaciones sistemáticas sobre las imágenes de diferentes entes (organizaciones, instituciones, empresas, etc.) con un claro y responsable discurso imaginario regional. Es en esta instancia donde el diseño profesional y las disciplinas relacionadas con éste, sobre la base de una práctica cultural y ambientalmente responsable, pueden entrar como protagonistas en la erección de elementos identitarios. Y aquí sí los programas de imagen institucional y los programas de diseño de imagen corporativa constituirán una intervención consciente, sistemática y proyectual concreta.

            Un auténtico desarrollo humano debe tener en cuenta el medio ambiente, la evolución económica y social y por sobre todo poseer una conciencia de identidad y de responsabilidad regional. Por lo tanto se deberán integrar todas las actividades culturales que permitan fortalecer el espectro de expresiones creativas que hacen a la construcción de nuestra identidad como región.

            Las comunidades que aprecian y valoran su medio ambiente tanto como su patrimonio cultural, desarrollan un fuerte impulso que se despliega en todos los ámbitos sociales y económicos. Eso les permite darse a conocer, ya sea regional, nacional o internacionalmente con una identidad propia y original, generando de esta manera, valor en ciertos productos y servicios relacionados tanto al ámbito del turismo, como del comercio de exportación.

            El hombre siempre ha construido su identidad sobre ejes simbólicos relacionados con su territorio y su historia, como partícipe de un proceso compartido, en un ámbito social y de desarrollo colectivo.

            Si bien es verdad que, como construcción colectiva, la identidad regional se forja natural e inevitablemente mas allá de las intenciones individuales que la conforman, precisa nutrirse de los actos y obras de los individuos que configuran los mensajes identitarios. Dicho de otro modo, la producción individual es aporte a la identidad colectiva, por lo que hasta la menor intervención desde nuestro ámbito, modificará, aunque sea en forma muy modesta, el medio ambiente y por lo tanto, la identidad de la región.

            Hay que tener presente que la imagen de región dependerá del mismo modo del receptor, quien procesará mentalmente una serie de mensajes inconexos y aleatorios. A una misma realidad objetiva pueden existir múltiples realidades subjetivas. 

            Nada asegura que la imagen de región sea coherente, con la verdadera identidad de la misma, pero nuestra tarea será siempre trabajar en el contexto de nuestro medio ambiente, sobre los elementos identificadores intentando que exista una concordancia cierta.

            Relacionado con el tema de la identidad regional, en estos días está muy en boga en toda Latinoamérica la temática de la “marca país”, como si ésta fuera una especie de varita mágica que salvará del atraso a nuestros países del tercer mundo.

            Generalmente, cuando se hace referencia a la imagen de país o “marca país” solo se hace alusión a la capacidad de acceder a los mercados mundiales con productos y servicios. La marca país en ese contexto tiene que demostrar un valor agregado y lograr un posicionamiento a nivel internacional. Indudablemente que si un país no cuenta con una “imagen” que actúe en forma positiva, la colocación de sus bienes en el comercio exterior resulta mucho más dificultosa que la de otros países que sí cuentan con una imagen positiva que los ampare. Pero no hay que engañar ni engañarse pensando que la solución pasa por poseer una “marca” gráfica. Pues nada justifica que un país necesite otro signo visual que lo identifique, si ya cuenta con una bandera y con un nombre.

            Como hemos visto anteriormente la imagen es una representación mental generada en el receptor luego de percibir y decodificar ciertos elementos identificadores, por lo tanto siempre existe una “imagen de país”, sea esta provocada o no. En un planteo serio de creación de identidad propia, se debería tener en cuenta el “como nos vemos y como queremos vernos” en nuestro propio contexto y en propio nuestro medio ambiente. El riesgo que surge, entonces, en la creación de una “marca país”, es que solo se apunte a una imagen “turística”, es decir el “como nos ven y como queremos que nos vean”.

            En la mayoría de los casos de búsqueda de marca país los fines no trascienden lo meramente comercial (turismo y exportación). No se trata entonces de la construcción de “una” imagen, sino la construcción de una imagen “útil” que solo mejora las condiciones de acceso a los mercados internacionales.  De esa manera se trata a los países como producto y a los ciudadanos como simples consumidores. Indudablemente se está confundiendo la concepción de identidad nacional con el concepto de marca.

            Una identidad de país se construye en el tiempo, y se nutre de infinidad de elementos sociales, culturales, políticos, históricos, ambientales, etc… De ninguna manera es imperioso un signo visual o “marca”. Sí es necesario generar programas o sistemas que posibiliten la coherencia en la comunicación visual de las regiones.

            Los programas de diseño de imagen corporativa, como constructores de elementos identitarios, funcionan de manera mucho más apropiada cuando se encuentran involucrados, forman parte o están incluidos, formal o informalmente, en algún tipo de plan estratégico.

            Es imperioso entender que la “construcción de identidad de región” no significa “aplicación de maquillaje”, sino que es una búsqueda de elementos identitarios con cualidades y atributos tangibles e intangibles, que el receptor decodificará y asignará significado

            Es innegable que existen ciertas matrices simbólicas que actuando en forma autónoma pueden funcionar de cimientos de una conciencia cultural regional. Porque aún cuando pareciera que los intereses individuales prevalecen sobre los de la sociedad, no todo esta perdido. Donde la competencia y la insolidaridad responden solo a satisfacer placeres egocéntricos, donde los arquetipos culturales ya no tienen cabida, donde el grado de saturación y consumo han llegado a niveles asombrosos, se vislumbra en el horizonte un futuro, por lo menos diferente. Puesto que hoy, como contrapartida a un bombardeo desproporcionado, de una cultura unificadora desde los medios de comunicación, existe a partir de las sociedades, una tendencia a recuperar la memoria como forma de estructurar discursos identitarios válidos. Y esa memoria recupera de alguna manera el respeto cultural y ambiental que aquí, como parte comprometida de la sociedad, estamos reclamando. 

A modo de conclusión

            En la coyuntura que nos toca vivir, se hace imprescindible entender que los problemas ambientales no son un peligro lejano sino una realidad cotidiana.

            Debemos trabajar cultural y ambientalmente en forma responsable, asumiendo el compromiso de prever los comportamientos futuros de los productos de diseño.

            Es necesario trabajar interdisciplinariamente para construir en forma coherente y de manera constante la identidad regional, reconociendo el proceso de glocalización como forma de avance y crecimiento de nuestra sociedad.

            Es preciso diseñar para el cambio, evitando sumarse al facilismo marcario que nos determina la sociedad de consumo, trabajando con el planteo de “como queremos vernos” y no el “como queremos que nos vean”.

            Es imperioso pugnar por proyectos regionales que incorporen elementos que forman parte de nuestro patrimonio heredado, entre los que se encuentra el patrimonio ambiental, aprendiendo a ver el mundo con una visión Latinoamericana y no seguir viendo a Latinoamérica desde el punto de vista de la mundialización.

            No podemos dejar de tener en cuenta los recursos ambientales y las diversas formas de entenderlos y aprovecharlos, practicando la recuperación de elementos de culturas que han tenido un enorme compromiso con nuestro medio ambiente y con nuestra tierra. Buscar en el pasado para construir el futuro. Debemos lograr imaginarnos un ámbito donde lo regional y lo autóctono forme parte fundamental del quehacer cotidiano.

            La búsqueda de un diseño auténticamente nuestro, permitirá la evolución del componente aborigen, asegurando su presencia como elemento indiscutido de nuestra identidad.

            Felizmente culturas que han nacido y crecido en esta tierra durante miles de años han podido mantener en gran parte sus estructuras básicas. Escondidas o sepultadas han permanecido en aparente silencio por más de cinco siglos. Es nuestra tarea no sólo sacarlas a la luz, sino también darles nueva vida, ligándolas al presente.

            Para quienes consideran que el trabajo de reelaboración de la gráfica indígena es un acto irrespetuoso hacia las culturas aborigenes, digo, que mi criterio es exactamente lo opuesto. Considero que es una forma de revalorar culturas que han tenido un gran compromiso con nuestra tierra y que por supuesto no podemos considerar muertas. 

            Creo que deben existir distintos tipos de respeto. Respeto hacia los muertos donde se involucra congoja, silencio, estatismo…; Respeto hacia los vivos, que involucra alegria, afecto, movimiento y cambio…

            Si consideraramos muertas a las culturas indígenas, solo podrían ser mostradas en los museos. Mientras que si las consideramos vivas, podemos, luego de un exaustivo analisis para descubrir sus significados, sus parametros y sus reglas, modificarlas, reelaborarlas y darles nuevamente sentido.

            Y no se trata de querer revivir la magia y los mitos antiguos, se trata de recobrar su respeto por el medio ambiente. Se trata “de recobrar el orgullo por lo que sí fueron nuestras primigenias civilizaciones. Porque eso da confianza, da seguridad, da dignidad, da independencia, da imagen y da identidad” (Isaias Peña Gutierrez. –Colombia-).

Finalmente, la propuesta aquí planteada, pretende, desde el diseño, trabajar la temática de la identidad de Nuestra América buscando una respuesta a la pregunta que como latinoamericanos debemos hacernos, respecto a, si nos convertimos en engranajes del mercado internacional, incorporándonos en forma acrítica al inevitable proceso de globalización o si construimos una verdadera alternativa de desarrollo, defendiendo incuestionables valores culturales y ambientales que nos identifican como pueblo.

No podemos ser cómplices de los agentes de la deculturación. Por lo tanto no debemos renunciar a la responsabilidad que nos compete como diseñadores, para dar respuestas y soluciones de diseño, comprometidas con el medio ambiente, la sustentabilidad y la identidad de región.

 

Bibiografía

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